SANTO DOMINGO – En una entrevista cargada de nostalgia, anécdotas inéditas y una profunda humildad, el maestro Ramón Orlando Valoy García visitó el estudio de «Esto No es Radio Show» para repasar su trayectoria de medio siglo en la música dominicana.
Considerado por muchos como el artista que más ha aportado a la música popular del país, Orlando sorprendió al definirse simplemente como «el hijo de Cuco» y asegurar que su identidad actual está más ligada a su fe que a los escenarios.
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De la sombra de Cuco al estrellato «por accidente»
A pesar de su vasta discografía y premios, el maestro atribuye todo su éxito a la formación y el genio de su padre, Cuco Valoy, a quien describió como un hombre prodigioso que, sin saber leer, se superó hasta convertirse en un referente. «Todo lo que yo soy, todo lo que he logrado, es la mente de mi papá», confesó con orgullo.
Un dato revelador para la crónica del entretenimiento fue su admisión de que nunca buscó ser cantante. Su debut como vocalista en la Orquesta Internacional ocurrió por necesidad tras la salida de Peter Cruz. «Yo llegué a cantar porque la Orquesta Internacional… se disgustó y se fue. Entonces yo por cumplir… empecé a cantar y la gente dijo que sí», recordó sobre el inicio de una faceta que marcó la época dorada del merengue.

Arquitecto de los grandes éxitos del merengue
La nota periodística más relevante de su intervención fue el repaso de su rol como arreglista y compositor detrás de los himnos de otros artistas. Orlando es el cerebro detrás de éxitos como «Perro Ajeno» (Rubi Pérez), «La Loba» (Las Chicas del Can) y «Tú» (Sergio Vargas), entre otros. El maestro relató cómo grabaron «Volveré» con Rubi Pérez a las dos de la mañana tras un proceso técnico de manipulación de cintas para ajustar la tesitura de la voz.
Sobre Alex Bueno, Ramón Orlando no escatimó en elogios, calificándolo como el cantante favorito de todos los músicos dominicanos. Reveló, con un toque de humor técnico, que Alejandro ha sido el único capaz de «opacar la chicharra mía», refiriéndose a su distintivo estilo de coros.

Fe, ayuno y la visión del «fracaso»
El giro más humano de la entrevista se centró en su conversión al cristianismo en 1988, lo que transformó radicalmente su comportamiento, dejando atrás lo que él describió como una «boca muy sucia». A pesar de haber ganado siete estatuillas en los premios Casandra de 1992, en lugar de celebrar, el maestro optó por el aislamiento espiritual: «Yo me fui a un hotel y me tranqué 3 días e hice el ayuno de Ester».
Finalmente, con la sabiduría que dan los años, Ramón Orlando dejó una reflexión contundente sobre su carrera: «Los fracasos míos son más que los éxitos», señalando temas como «Pegadito» que no lograron la trascendencia esperada en su momento. Para el maestro, el único grande es Jesucristo, y se siente privilegiado de haber podido ser «de bendición para su prójimo» a través de su piano y sus letras.